sábado, 13 de mayo de 2017

FERNANDO PESSOA: PASEO EL ARTE DE SOÑAR A TRAVÉS DEL AZAR DE EXISTIR

Ahora que parece que Portugal está de moda (el intérprete Salvador Sobral ganó  el festival de Eurovisión con una canción en su idioma, Amar pelos dois, Amar por los dos), quizá es un buen momento para pasar revista a uno de sus escritores insignia: Fernado Pessoa y su Libro del desasosiego.


Pessoa (1888-1935) trabajó en El libro del desasosiego durante toda su vida, desde su inicio, en 1913.

“Se llama Libro del desasosiego a causa de la inquietud y la incertidumbre que son sus notas dominantes”-escribe a Joao  de Lebre el 3 de mayo de 1914. Una  producción “enfermiza” -todo fragmentos, fragmentos, fragmentos-, un libro “suave” que parece escrito en medio de una depresión.

UN LIBRO DE SENSACIONES

“La única realidad, para mí, son mis sensaciones” -dirá. La filosofía y la metafísica forman parte de sus cuestionamientos. “Soy un poeta impulsado por la filosofía”- escribe en sus Diarios. En 1906: “Tengo que leer más poesía para neutralizar el efecto de la perfecta filosofía”.

AUTORRETRATO(S)

Su retrato es el de una persona anodina, sin rasgos físicos pronunciados -una nariz aguileña, un mentón prominente.... Con la mirada perdida tras unas gafas gruesas, un cigarrillo caído, un bigote igual a otros mil bigotes, no resulta especialmente atractivo; nada, en definitiva, que aliente los deseos por conocerlo. Como si fuera un personaje de Kafka  o ese empleado de oficina gris que nunca sale de la rutina.

“Nunca tuve una idea noble de mi presencia física…Parezco un jesuita insignificante. Mi cara delgada e inexpresiva ni tiene inteligencia, ni intensidad…El metro sesenta de estatura y los sesenta y un quilos de peso en que consisto físicamente…”. “Siempre he tenido cierta aversión a sacarme retratos” -le confiesa a Ofelia en una carta, a su petición de enamorada, en 1920. A pesar de todo, es cuidadoso de su aspecto: se arregla la barba y se corta el pelo. “Un individuo  con una nariz de contador de gas”- escribe a Ofelia en 1929.

No se tiene en gran estima: “Soy en todo un diletante... Estoy hecho de las ruinas de lo inacabado... Todo en mí es incierto... Soy mitad sonámbulo y mitad nada”.
“Soy tan inerte, tan pobrecillo, tan falto de gestos y de actos”. Inseguro, “yo soy muy nervioso”…

“Estoy mal de salud y  de los nervios”- le escribe a Ofelia en 1920. En octubre, le confiesa: “ Tengo la intención de irme a un sanatorio el mes que viene, para ver si allí encuentro algún tratamiento que me permita resistir  a la ola negra que está abatiéndose sobre mi espíritu”.

Pero desde que vive, se narra, y el libro, es él. En él deja constancia de “la tristeza sin causa”, y de las tristezas con causa: “Yo no soy pesimista, soy triste”.

LECTURAS DE NIÑEZ Y ADOLESCENCIA

“Leí Las peregrinaciones de Childe Harold y los Cantos I y II de las Melodías hebreas de Byron; La víspera de Santa Agnes, de Keats, los primeros capítulos de Hombre criminal, de Lombroso y un pequeño poema de Schiller…El primer alimento literario de mi infancia fueron los numerosos relatos de misterio y horribles aventuras…No me fascinaba lo improbable, sino lo imposible”.

VIEIRA, UN AUTOR DE CULTO

“De tener que escoger como lectura única, entre Chateaubriand o Vieira, escogería a Vieira sin pensármelo dos veces”.

EL PASEO COMO TERAPIA

“Me gusta, en las tardes lentas de verano, el sosiego de la parte baja de la ciudad...La Rua do Arsenal, la Rua da Alfândega...toda la línea distante de los muelles en calma...”. “Las calles intermedias de la Baixa, tantas veces recorridas por mí…”.

“Uno de mis paseos favoritos…es el de perderme lentamente por las calles, antes de la apertura de tiendas y almacenes, y oír los jirones de frases que los grupos de muchachas y muchachos…dejan caer…”.

SU LISBOA

“Amo el Tajo porque hay una gran ciudad en sus orillas. Disfruto del cielo porque lo veo desde un cuarto piso de una calle de la Baixa. Nada me puede dar el campo o la naturaleza que valga la majestad irregular de la ciudad tranquila, a la luz de la luna, vista desde GraÇa [barrio] o [convento] Sao Pedro de Alcantara. No existen para mí flores como, a la luz del sol, el variadísimo colorido de Lisboa”.

SU FORMA DE ESCRIBIR. ¿CÓMO ESCRIBO?

“Mi sistema de estilo asienta en dos principios…: decir lo que se siente exactamente como se siente- con claridad, si es claro; oscuramente, si es oscuro; confusamente, si es confuso-;[y] comprender que la gramática es un instrumento, y no una ley”.

LA ESCRITURA COMO TERAPIA

“Me sucede a veces…que me aparece en medio de las sensaciones un cansancio tan terrible de la vida…esta sensación…la curo escribiéndola”.

LOS HETERÓNIMOS

Charles-Robert Anon. Aparece por primera vez en la firma de un artículo en un periódico local de Durban, en 1904.En 1906, escribe: “Yo, Charles-Robert Anon…hombre, de dieciocho años de edad, soltero (con ciertas excepciones), megalómano, con rasgos dipsómanos, dégénéré supérieur, poeta, con vocación de escritor satírico, ciudadano universal, filósofo idealista…”.

Álvaro de Campos. El 5 de abril de 1920 aparece mencionado por primera vez en las cartas que le escribe a Ofelia: “Álvaro de Campos, ingeniero”. Ella comenta en su relato Fernando y yo, muchos años después: “Fernando era un poco confuso, principalmente cuando se presentaba como Álvaro de Campos….Me decía: “Hoy no soy yo quien ha venido, sino mi amigo Álvaro de Campos”. Se comportaba en estas ocasiones de una manera totalmente diferente. Con un aire de tarambana, decía cosas sin nexo…Raramente hablaba de Caeiro, de Reis o de Soares”.

CARTAS A OFELIA

Ella lo cuenta así: “CÓMO CONOCÍ A FERNANDO. Respondí  a un anuncio del Diario de Noticias. Tenía diecinueve años, era alegre, despierta, independiente…Recibí en casa la respuesta al anuncio. Era de una empresa del textil, de brocas y lanzaderas, con oficinas en la Rua da AssunÇao 42, 2º: Félix Valladas & Freitas, Lda”.

Empiezan a escribirse en marzo de 1920. “Nosotros nunca tuvimos noticia del noviazgo…Fernando jamás se refirió a ello”- confesará años más tarde, tras su muerte, su hermanastra Henriqueta. “Él no tenía posibilidades económicas para formar una familia…No quiso supeditarse a un horario. Quería tener libertad para trabajar en su obra”.

A menudo Pessoa le escribe desde el Café da Arcada. A menudo quedan a la puerta o en los alrededores de la Librería Inglesa.

En noviembre de 1920 rompen. En octubre Fernando le había escrito que pensaba irse a un sanatorio mental en busca de un tratamiento para resistir “la ola negra abatiéndose sobre mi espíritu”.

Nueve años más tarde, a consecuencia de una foto, vuelven a reanudar durante unos meses la relación, él ya con 41 años y ella con 29. “No sé escribir grandes cartas. Es tanto lo que escribo por obligación…”. Casa Abel, una taberna,  parece ser un lugar habitual de parada. Pessoa incide más en su locura: “Está para ir a Telhal o a Rilhafolles”. “Estoy loco, y lo he estado siempre, y es de nacimiento”.
También se sincera sobre sus prioridades en la vida: “ Mi vida gira en torno a mi obra literaria…Todo lo demás en la vida tiene para mí  un interés secundario…Para realizar esta obra, necesito sosiego y un cierto aislamiento…Queda por saber si el casamiento, o el hogar son cosas que se concilian con mi vida de pensamiento. Lo dudo…”.

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domingo, 23 de abril de 2017

EDUARDO MENDOZA, PREMIO CERVANTES, DÍA DEL LIBRO


Nacido en 1943 en Barcelona, es humilde y sencillo a sus 74. “La vanidad es una forma de llegar a necio dando un rodeo…".

POR “UNA LENGUA LITERARIA LLENA DE SUTILEZAS E IRONÍA”

En sus cuatro lecturas del Quijote a lo largo de la vida, dice haber ido aprendiendo distintas cosas: “De Cervantes aprendí que se podía cualquier cosa: relatar una acción, plantear una situación, describir un paisaje, transcribir un diálogo, intercalar un discurso o hacer un comentario, sin forzar la prosa, con claridad, sencillez, musicalidad y elegancia…Lo que descubrí en la lectura de madurez es que había otro tipo de humor, un humor que camina paralelo al relato y crea un vínculo secreto con el lector".

SIN NOTICIAS DE GURB, SU LIBRO MÁS EXCÉNTRICO

Sin noticias de Gurb, es uno de los libros más hilarantes que he leído.

En una nota del autor al libro, en 1999, dice que “es sin duda el libro más excéntrico de cuantos he escrito”. Reconoce que tiene muchos elementos en común con El misterio de la cripta embrujada y con su continuación, El laberinto de las aceitunas (aunque este es un libro alegre sin sombra de melancolía).

Parte de “una historia de ficción en tono humorístico” que había empezado a escribir en Nueva York hacía muchos años y que retoma en vísperas de las Olimpiadas de 1992 en Barcelona (con “la ciudad patas arriba”). “A partir de ahí, no tuve más que ir aprovechando lo que el azar me ponía delante de los ojos: una churrería próxima a mi casa me sugirió la desmedida afición del extraterrestre por los churros; las noticias que iban apareciendo en la prensa diaria, otras tantas situaciones o comentarios…”.

NADA DE EXPERIMENTOS LINGÜÍSTICOS. “ESCRIBO CON MUCHA LENTITUD”

Él atribuye el éxito a que es un libro “breve y sumamente fácil de leer”. “Escrito en un lenguaje coloquial, su contenido es ligero y las partes que lo integran tienen una extensión de muy pocos renglones”.

Ha sido uno de sus libros más vendidos y traducidos. Quizá las referencias a una ciudad en obras, y la picaresca, son comunes a muchas ciudades y a muchos ciudadanos de otros países, y por eso empatiza tan bien…Recuerdo que yo pensaba en Madrid cuando lo leía, y a las obras que salpimentaban la urbe en esos momentos…

ALGUNAS ADAPTACIONES CINEMATOGRÁFICAS


1980: La verdad sobre el caso Savolta. Dirigida por Antonio Drove.

1981: La cripta. Dirigida por Cayetano del Real.

1999: La ciudad de los prodigios. Dirigida por Mario Camus.

2004: El año del diluvio. Dirigida por Jaime Chávarri.

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Mi aportación al Día del Libro 2017: "EL AMANTE EN LA ALMOHADA"

"Me escapé con él para ver mundo. Soñaba con él en las tardes calurosas del verano. Dormía, muy quieto, al otro lado de la cama. Era mi Pepito Grillo, mi amor, mi amigo. Era…un libro".

Y ÚLTIMAS ENTRADAS SOBRE LIBROS EN MI BLOG








viernes, 14 de abril de 2017

LA FORJA DE ARTURO BAREA, UNA AUTOBIOGRAFÍA NOVELADA


Ha sido todo un descubrimiento. (Gracias a quienes me la han regalado).  Es verdad que de cuando en cuando tenía el pensamiento de leerla, pero nunca llegué a comprármela ni a sacarla de la biblioteca. Tampoco vi la serie en la tele.

Arturo Barea nació en Badajoz en 1897, pero su vida se desarrolló en Madrid hasta su exilio a Inglaterra en 1939.

El hijo de la señora Leonor, la lavandera


El primer título de la trilogía, La forja, está dedicado  “A dos mujeres: la señora Leonor (mi madre) e Ilsa (mi mujer)”. Su madre había muerto en 1931, diez años antes de la publicación de La forja en Inglaterra. Ilsa es su segunda mujer.

Por su madre, Barea siente adoración: “Mi madre tiene las manos muy pequeñitas…Algunas veces las yemas se le llenan de las picaduras de la lejía que quema. En el invierno se le cortan las manos…Los días que no lava en el río [Manzanares] hace de criada en casa de los tíos y guisa, friega y lava para ellos…Tan pequeñita, tan fina, desgastada por agua del río…”.

Curiosamente, el primer capítulo de La forja no tiene título, pero podría haberse llamado “Madre”, como el primer artículo que publica en El Sol el 23 de mayo de 1937. O, simplemente, Mamá. Su obsesión durante su juventud será sacar a su madre del río.

Lecturas de infancia

“Todos los domingos, mi tío me compra las Aventuras del capitán Petroff…”. También lee Los hijos del capitán Grant, de Julio Verne. Y a Dickens, a Tolstoi, a Dostoievsky, a Dumas y a Víctor Hugo, en la colección La Novela Ilustrada, cuyo director literario era Blasco Ibánez (“un anarquista muy malo”, según los curas de su colegio, las Escuelas Pías de San Fernando). Estos apuestan por la colección de la Casa Calleja, La Novela de Ahora, donde puede leer las aventuras de Mayne Reid, Salgari o los clásicos españoles.

De mayor seré ingeniero

“Me gusta mucho la mecánica y cuando sea mayor seré ingeniero”- dice, cuando niño. Su tío, que lo ha prohijado, le promete la carrera de ingeniero si termina el bachillerato. “Seré ingeniero para que todos estén contentos, pero sobre todo para que mi madre no lave y no sea más la criada de nadie…”.

Pero el sueño acaba, a la muerte de su tío, en dependiente de tienda, y luego, en empleado de banco (del Crédit Étranger). A los 13 años.

El Barrio del Avapiés, “mi Madrid de niño”

En 2017 (4 de marzo) se inaugura en Madrid la plaza de Arturo Barea, en el hoy barrio de Lavapiés, entonces del Avapiés.

“Allí aprendí todo lo que sé, lo bueno y lo malo. A rezar a Dios y maldecirle. A odiar y a querer. A ver la vida cruda y desnuda, tal como es. Y a sentir el ansia infinita de subir y ayudar a subir a todos el escalón de más arriba”. Allí, además, vivió su madre…

Temprano aprendizaje de la injusticia y de la dignidad


El capítulo anteúltimo de La forja se llama Revisión de la infancia. En él hace un repaso de las incongruencias de sus mayores: “… ¡No se chilla! ¡Los niños no blasfeman! Luego las personas mayores se chillaban unas a otras y la mayoría blasfemaba contra Dios y la Virgen…Hasta los padres del colegio…Me enseñaron a leer y después me enseñaron que no debía leer más que lo que ellos me dejaran…Nada de lo que me han enseñado sirve para vivir…”.

Frente a ello, la rabia y las ideas claras: … “A pesar del traje y de las manos finas…,¡obreros!...Un año de meritorios [trabajando sin cobrar, haciendo méritos en el banco], cinco duros al mes; doce, catorce horas de trabajo…”.

Al final del primer volumen, con 17 años, deja el banco para buscar nuevos horizontes. Con su pico de oro y su capacidad de observación intacta.

Un narrador nato


Así lo define su segunda esposa, Ilse (Ilsa) Kulcsar en el prefacio de El centro de la pista, 14 relatos seleccionados por ella y publicados por Ediciones Cid en Madrid en 1960. Recuerda a Isak Dinesen en Memorias de África o a “un narrador de zoco marroquí”, por la fascinación que produce. No puedes dejar de leer y, cuando contaba en voz alta, de escuchar.

Las descripciones son tan vívidas que lo ves ante tus ojos; es como si tuviera memoria fotográfica. ¿Se documentaría para La forja mientras escribía en Francia o en Inglaterra…?. “Por la agilidad de estilo, el poder descriptivo, la capacidad de conmover, por lo que no dice más que por lo que dice…”- explica Pedro Corral en El País del 5 de marzo de 2017.

Los bombardeos de la Telefónica le “lanzan” a escribir

Eso cuenta el 12 de septiembre de 1940 en su Historia literaria. Antes, con su firma, durante su estancia en Marruecos (1920-1924), había hecho llegar al periódico La Libertad un cuento titulado “El moro ciego”, a un concurso de crónicas sobre la guerra (quizá algo cercano  a lo que escribiera en La ruta, segunda parte de la trilogía La forja de un rebelde). Pero la autoridad militar lo retiene. También, hacia 1917, bajo el nombre de un compañero, había enviado un cuento de Reyes a un concurso de la revista Blanco y Negro, que fue premiado.

El origen de alguno de sus cuentos

“Muchos de los cuentos reunidos en este libro nacieron de alguna anécdota que me había contado delante de las brasas de una chimenea inglesa, mezclando las crudezas de una crónica despiadada con nostálgica ternura”- escribe su mujer Ilsa al inicio de los 14 relatos de El centro de la pista. “…El cuento Las tijeras [escrito en Inglaterra en abril de 1939, al poco de llegar], inspirado por un informe que publicó un diario francés en 1938, y trasplantado por Arturo a un ambiente español en 1939…La fantasía científica Bajo la piel arrancó de un artículo sobre experimentos biológicos y de su odio a la legislación racial de la Unión Surafricana”. En La rifa, el germen está en “las ingenuas reminiscencias de una sobrina suya”.

La lección fue la última historia que escribió, en el otoño de 1957 (un recuerdo sobre su abuela paterna, “La Abuela Grande”, sobre lo que de verdad importa: “Para andar por la vida hay que no dejarse pisar por nadie”). Arturo murió la víspera de Navidad de 1957, de un infarto al corazón.

Sus charlas en la BBC


En 1940 había empezado a trabajar para la sección de América Latina del Servicio Mundial de la BBC. Casi todas las semanas escribía y presentaba una charla de un cuarto de hora bajo el seudónimo de “Juan de Castilla”. Fueron 856 charlas en total, la última, el 23 de diciembre de 1957, un día antes de su muerte.

Su mujer, en carta a uno de los responsables de la emisora, el 25 de julio de 1939, le cuenta en qué consiste su propuesta: “…Sería hacer una serie, en castellano, bajo el título “Un español descubre Inglaterra”. No serían charlas políticas sino describir, de una forma vívida y personal, las impresiones de un español en Inglaterra, especialmente la vida rural, el paisaje, sus tradiciones liberales y democráticas… Y vuelve a repetir: “nada político”, sino unos esquetches.

Con ellos empieza Barea hacia octubre de 1940, en plena II Guerra Mundial: Las patatas de Frank, el tabernero del pueblo; el “fabricante” de claveles; su viejo puchero de barro para hacer café; la señora Lewis, que se dedica a limpiar casas porque querían pagarle menos que a un hombre por cavar y sembrar como uno de ellos…

Los pueblos donde vive en Inglaterra

El primero es Puckeridge, en Hertfordshire. Ilsa, en un primer momento (ag. 1939), va a trabajar para el Servicio de Escucha del Gobierno británico, cerca de Evesham, en el condado de Worcestershire. Él se queda, con los padres de Ilsa, en Puckeridge.

El segundo, Fladbury, en Worcestershire. Ilsa y Arturo viven aquí con los padres de ella y una amiga, Margaret Rink.

El último, Eaton Hastings, en Oxfordshire, cerca de Faringdon, en la casa de Middle Lodge. Aquí vive los últimos diez años de su vida.

Nigel Townson, profesor en la Universidad Complutense de Madrid (Dto. Del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos), ha sido el gran estudioso de la vida y obra del escritor y quien ha introducido muchos de sus textos.

LA RAÍZ ROTA, SU ÚLTIMA NOVELA

Publicada en 1952, la acción está situada en 1949. Para mí, es una especie de hipótesis de la vuelta a España de un exiliado en la que Barea intenta -en un diálogo autocrítico consigo mismo- saldar sus cuentas con el pasado (“¿…has pensado alguna vez que por mantener tus manos limpias has hecho que las mías se ensucien…?”- pregunta uno de los hijos al padre, en la ficción).

 “Los personajes de este libro [Luisa, Amelia, Pedro, Juan…] son invención mía”- aclara en nota al principio de la novela. “Los detalles de la escena española y los episodios fuera del argumento del libro son auténticos y podrían comprobarse…”. “Se documentó sobre la realidad social en España a través de las emisoras de radio y de su contacto con otros exiliados…y de personas que habían estado en el país”- relata en el prólogo Nigel Townson.

Pero también aparecen sentimientos que pueden ser suyos, como las nostalgias del exiliado…:“…siempre  había echado de menos en el aire espeso y húmedo de Inglaterra: los colores puros, el aire de cristal, el olor picante de los jardines y las piedras de Madrid”. El personaje y protagonista, Antolín, contempla desde la plaza de la Armería los lugares de su infancia y el campo de batalla diez años antes, durante la Guerra Civil.

DE LAS RAÍCES A LA RAÍZ ROTA

En algún momento, Barea pensó titular su trilogía Las raíces. De hecho, el sustantivo y su significado aparecen varias veces en su última novela, La raíz rota. “…¿Qué raíces le había arrancado la guerra…?...Había encontrado la raíz rota. Siempre había tenido miedo de la soledad…”. “¿Qué le puedo decir [a su hijo Pedro]?, pensaba Antolín. No puedo llegar a sus raíces, que están enterradas en lodo…”. “Aquí…Todos tenemos las raíces rotas…La mayoría de la gente daría cualquier cosa por marcharse a América. Saben que aquí no tienen esperanza…”. Y, sin embargo, las raíces, rotas, que parecen huesos, perduran y renacen al final del libro, un punto de esperanza para el futuro.


SABER MÁS

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2017/03/04/madrid/1488648978_654630.html. Su primer artículo, “Madre”. Domingo, 23 de mayo de 1937, diario El Sol. 

http://archive.spectator.co.uk/article/11th-august-1939/13/a-spaniard-in-hertfordshire. Primer éxito literario en Inglaterra, Un español en Hertfordshire.

http://www.rtve.es/television/forja-rebelde. La forja de un rebelde, serie en TVE, 1990.

http://www.jotdown.es/2012/09/una-tona-de-la-mina-de-oro. La Mina de Oro, lugar de trabajo de Arturo Barea.



http://censoarchivos.mcu.es/CensoGuia/fondoDetail.htm?archivoId=1&id=1405580&eventDescendiente=descendienteDetail. Su artículo en el Daily Express, This was written under shell fire. 31.8.1937.



martes, 28 de marzo de 2017

MIGUEL HERNÁNDEZ, EL POETA HUERTANO

Hoy, 28 de marzo, se cumplen 75 años de su muerte. “Miguel era tan campesino que llevaba un aura de tierra en torno a él…”- cuenta en sus memorias (Confieso que he vivido) Pablo Neruda. “Me contaba cuentos terrestres de animales y pájaros…Me narraba cuán impresionante era poner los oídos sobre el vientre de las cabras dormidas…Otras veces me hablaba del canto de los ruiseñores…”.


“Lo primero que leí fueron novelas de Luis de Val [Valencia, 1867-1930] y Pérez Escrich [Valencia, 1829-Madrid, 1897] (novelas por entregas como Los ángeles del hogar o El cura de la aldea)…”- contó Miguel Hernández.


Muchos de su primeros poemas están firmados “En la huerta”, seguidos de la fecha, como “¡Probe Juanica! ¡Probe güertana!/Por la sendica pal cementerio la han llevao muerta/esta mañana…” (Al verla muerta. En la huerta, 6 de febrero de 1930).

“¡Marzo viene! ¡Viene Marzo! El astro/ de rubios cabellos, la huerta satura y orea./Son las brisas tibias y llenas de efluvios…/¡Marzo! ¡Viene Marzo!¡Bienvenido sea!...”. (¡Marzo viene…!. En la huerta, 28 de febrero de 1930).

El titulado Ofrenda (Orihuela, 28 de mayo de 1930), se lo dedica a “Don José Mª Ballesteros, con toda la admiración y el respeto que siente hacia él este inculto pastor”. Ballesteros acababa de  publicar Oriolanas. Cuadros y costumbres de mi tierra [Orihuela, donde había nacido en 1897]. “…aquel libro-tesoro/de aromas…/¡Huerta: ya en tus naranjos hay otro ruiseñor!”.

A Juan Sansano, “eminentísimo poeta de Orihuela” le dedica – con fecha 11 de octubre de 1930- La bendita tierra. “Para que aspire, aunque levemente, los enervantes aromas de la maravillosa huerta oriolana”. “…¡Huerta oriolana, la que adoro!.../Lienzo que engarza entre sus hilos/jardines ebrios de albahacas,/álamos claros y tranquilos, /olmos, morales y barracas/…”.

A Ramón Sijé, le dedica Insomnio, en 1930. “Por tener juventud y ser levantino y soñador como yo”.

En sus primeros poemas, habla de la barraca oriolana, “el alma de la huerta”; del “huertanico”… Hay un delicioso poema, quizá menos conocido, lleno de humor, en el que pide a sus paisanos oriolanos en “carta abierta” que le ayuden para publicar su libro de poemas, mientras intenta apartar a sus cabras de la finca de un huertano enfadado: “A vosotros me dirijo/ desde esta carta “arrimada”,/ que escribo, teniendo por/ mesa el lomo de una cabra/ en la milagrosa huerta/ mientras cuido la manada…”. Y continúa: “(¡Ay! Perdonadme un momento./ Voy a echarle una pedrada/ a la Luná, que se ha ido/ artera a un bancal de habas,/ y el huertano dueño de ellas/ me está gritando desgracias…”. A pesar de las interrupciones, consigue comunicar cuál es el objetivo de sus letras: “Y me dirijo así, para/ deciros que pienso hacer/ con poesías de las dadas/ a la luz y de las que están/ sin ver la luz para nada/ -que son bastantes-,  un libro”. Y finaliza: “Hablaré más a las claras,/ Que os pido, ¡eso es!, que os pido/ una peseta – no falsa-,/ un duro, ¡lo que queráis!/ para poder ver mis ansias/ satisfechas…”. El poema (A todos los oriolanos) está firmado “En la huerta, 1 de febrero de 1931”.


Será a principios de 1933 cuando la editorial Sudeste, de Murcia, le edite su primer libro, Perito en lunas, que quiso llamarse Poliedros, muy influido en ese momento por el ultraísmo, el simbolismo y la escritura de Gabriel Miró. Pero su primer poema, Pastoril, había aparecido en el periódico El Pueblo, de Orihuela, el 13 de enero de 1930. Comienza así: “Junto al río transparente/que el astro rubio colora/y riza el aura naciente/llora Leda la pastora…”. Está fechado “En la huerta, a 30 de diciembre de 1929”.

El paisaje y la naturaleza forman parte importante de estos primeros poemas: En Canto exaltado de amor a la naturaleza exhorta a eso: a amar la naturaleza. “Con la humildísima grandeza/del santo Francisco de Asís,/amemos a Naturaleza(…)”, comienza. Y termina: “Amemos todo lo que es/parte de la Naturaleza!”. 

Y en Tempestad, relata: “En un árbol, metido, no oso/yo -el hatajo a mis pies-, la voz/levantar. Oigo a la natura/que, entre el agua que cae veloz, /habla y llora, canta y murmura”.

Mientras cuida del hato, lee; junto a un ciprés, acostado en la hierba, sentado…, hasta que no queda luz. De la observación y del camino nacen muchos de sus poemas; de la soledad, de la melancolía…, al atardecer.


En 1931 viaja a Madrid por vez primera… 

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viernes, 17 de marzo de 2017

UNA CIENTÍFICA CUENTA SU HISTORIA DE AMOR CON LA CIENCIA

(Anne) Hope Jahren, geobióloga, considerada por la revista Popular Science  uno de sus “10 científicos brillantes” y por la revista Time, en 2016, una de las “100 personas más influyentes”, publica a sus 47 años su primer libro,  “una fusión literaria de memoria y escritura científica”, “una memoria personal y un canto de alegría al mundo natural”- según comentarios de sus críticos.


En inglés, su título fue, en 2016, “Lab Girl”, “Chica de laboratorio”, pero en castellano lo han traducido como La memoria secreta de las hojas (primera edición, en Paidós, en febrero de 2017).

Tras leer las primeras páginas, podría haberse subtitulado: “La ciencia que yo quiero transmitir”. Como “todavía no hay ninguna revista científica en la que yo pueda publicar el relato de cómo se hace mi ciencia a partir del trabajo conjunto del corazón y las manos”, ha tenido que ponerse a la tarea y escribir su propio libro.

En su blog -que inicia en  2013-, sobre “interacciones entre mujeres y hombres y la Academia”, comenta sobre Lab Girl: “Es un libro realmente bueno o, al menos, el New York Times parece creerlo así”. “He aprendido un montón al escribir este libro…” –dice. En el capítulo de agradecimientos, añade:  “Escribir La memoria secreta de las hojas ha sido el trabajo más gozoso de mi vida”.

De científico a científico

“Formule una pregunta sobre su hoja… ¿Sabe lo que ha hecho? Se ha convertido usted en un científico…Lo primero que tiene que hacer es formular una pregunta sobre su materia de estudio”. Con este comienzo, nos convierte a tod@s en científic@s para seguirle en su apasionante viaje por su vida y su objeto de estudio: los componentes químicos en las plantas.

Su madre y el jardín

A su madre, le dedica el libro y “todo lo que escribo”. En un lugar donde “había nieve en los campos nueve de cada doce meses del año – Austin, al sur del estado de Minnesota, en Estados Unidos-,…la única actividad veraniega de la que guardo recuerdo es el cuidado del jardín en compañía de mi madre”.

Su madre exigía dos cosas a su jardín: eficiencia y productividad. “Sentía predilección por las verduras robustas y autónomas como la acelga y el ruibarbo…; prefería plantar rábanos  y zanahorias porque podían atender calladamente sus propias necesidades en el interior de la tierra. Y en su jardín seleccionaba también las flores que cultivaba en función de su resistencia [peonías, lirios tigre, iris barbados]…El recuerdo más vívido que albergo  de nuestro jardín no es el de su olor, ni tampoco el de su apariencia, sino sus sonidos…en el Medio oeste se puede oír realmente cómo crecen las plantas…”.

Su madre no pudo acceder a una beca universitaria para estudiar ciencias en los años 50. A cambio, cuando sus cuatro hijos están criados, estudia a distancia literatura inglesa. “Trabajábamos juntas los textos de Chaucer y, para ayudar a mi madre, aprendí a buscar palabras en un diccionario de inglés medieval”.

Al conseguir ella misma (Hope) una beca en la Universidad de Minesota, se decanta por la literatura en un primer momento, pero “no tardé en descubrir que en realidad yo estaba hecha para la ciencia…; en las clases de ciencia nos dedicábamos  a hacer cosas…Trabajábamos con las manos y, prácticamente cada día, obteníamos algún resultado tangible…En las clases de ciencias nos ocupábamos de problemas sociales de la actualidad…La ciencia me aportaba lo que más necesitaba: un hogar”.

Científica por instinto

“Nunca había oído contar historias sobre mujeres científicas, nunca llegué a conocer a ninguna y tampoco vi nunca a ninguna por televisión [ella, nacida un 27 de septiembre de 1969, a finales de los años 60…]”.

Pero ya desde los 5 años tenía conciencia de ser distinta a los chicos, a sus tres hermanos: “Si de algo estaba segura era de que no estaba a la misma altura que ellos…Echaban carreras con sus prototipos y construían cohetes que luego lanzaban con sus compañeros. En clase de manualidades se les permitía utilizar las grandes herramientas que estaban colgadas de la pared o suspendidas del techo. Cuando veíamos en televisión a Carl Sagan, a Spock, al Doctor Who…, nunca se nos ocurría hablar de personajes femeninos como la enfermera Chapel o Mary Ann”.

Mi laboratorio, mi hogar

Y, sin embargo, “la única certeza en mi vida era que tendría mi propio laboratorio porque mi padre tenía uno”.

“Yo me pasé la infancia en el laboratorio de mi padre, jugando debajo de las mesas hasta que alcancé la altura suficiente para jugar sobre ellas…podía jugar con el material del laboratorio cada vez que lo acompañaba a su trabajo, porque él nunca decía que no cuando le pedía permiso para sacar todas aquellas cosas [imanes, alambres, cristales y metales, papel tornasol para medir el pH…]”.

Su padre era profesor de física y ciencias de la tierra en una escuela de formación superior en Austin. “Revisábamos juntos el equipo del laboratorio y arreglábamos todo lo que se hubiese roto; mi padre me enseño a desmontar cosas y a estudiar cómo funcionaban…Mi laboratorio [hoy] es el lugar en el que puedo seguir siendo la niña que todavía soy”.

¡Chúpate esa, universo!

“Un verdadero científico desarrolla sus propios experimentos, generando conocimientos completamente nuevos”.

Ese es su caso. Desarrolla su tesis doctoral sobre el almez americano, concretamente sus frutos (sus bayas, sus semillas), duros como una piedra…porque contienen ópalo, un mineraloide silíceo. Eso es lo que descubre, su primer descubrimiento científico: La formación de biominerales en las plantas.

Bill, un amigo de verdad

 A lo largo de todos estos años (desde 1994 hasta la actualidad), ha contado con la ayuda inestimable de Bill, compañero de laboratorios y de proyectos.


El primer laboratorio (Jahren Lab) propio “no era más que una habitación desprovista de ventanas, que no medía más de 55 metros cuadrados”, en el Instituto Tecnológico de Georgia, donde da clases de Geobiología terrestre en 1996.

Juntos se han turnado para seguir los experimentos día y noche, se han apoyado y han sufrido por las dificultades de financiación.

Gran comunicadora de la ciencia y activista

En una ocasión animó a las niñas a tuitear fotos de sus manos mientras llevaban a cabo experimentos científicos. La idea era concienciar sobre la cuestión científica a la vez que sobre las mujeres trabajando en ciencia.

En el epílogo del libro, nos anima a tod@s a plantar un árbol, uno fuerte y duro -más que un frutal que puede partirse fácilmente con el viento. “Aquí va una petición personal que te hago…”.


En el prólogo, ha hecho una aseveración: “Por lo general, todos vivimos rodeados de plantas, pero en realidad no las vemos”. Y nos da una cifra escalofriante: “Cada diez años, cortamos el 1% de la totalidad de nuestros árboles sin volver a repoblarlos, lo cual representa el equivalente a la superficie de Francia. De manera que, década tras década, se ha ido borrando de la Tierra una Francia detrás de otra”… 

SABER MÁS

https://hopejahrensurecanwrite.com. Su blog, desde 2013.

https://twitter.com/hopejahren?lang=es. En tuiter, desde 2011. @HopeJahren.

http://jahrenlab.com. El laboratorio de Hope Jahren, en Oslo. 

UNA NOVELA


La evolución de Calpurnia Tate, de Jacqueline Kelly. Se ha editado como novela juvenil, pero es un placer leerla a cualquier edad. En ella se habla de las niñas y la ciencia y de ser investigadora de campo.